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Publicidad del espectáculo

Un angosto callejón, apenas iluminado, junto a un hermoso edificio en ruinas -de El Cairo de la década de los veinte-  lleva a una cafetería tradicional egipcia, rodeado de aroma a shishas hay que caminar unos quince metros por otra callejuela para alcanzar el teatro Rawabet, en donde se llevará a cabo una obra de danza contemporánea, la vida como una fiesta.

En un edificio -similar a ese tipo de almacenes de mercancías que suele estar en zonas periféricas de cualquier ciudad, con techos altísimos- aparece una entrada con las paredes de color negro y largas cortinas que hay que atravesar para entrar al teatro. Una vez dentro, bloques de madera forman los asientos en tres pisos, sin embargo la mayor parte de personas se encuentra en el suelo. Está saturado de gente. Un escenario cuadrado formado por placas de madera está a la misma altura que el el público, el resto todo es negro.

Momento inicial del espectáculo / Mángel Sevilla. El Cairo

Las luces se apagan y el absoluto silencio se activa, una luz dura enfoca el escenario y comienzan a aparecer los actores. La mayor parte son egipcios con alguna aportación extranjera. Las actrices lucen vestidos y minifaldas, pelo suelto y, al igual que ellos, mueven todos los músculos del cuerpo -desde la mano, hasta las nalgas- para lucir y representar a través de movimientos diferentes sensaciones. Unos movimientos bien coordinados que inspiran sensaciones dispares en cada momento del espectáculo. El show de arte contemporáneo ha sido dirigido por el joven Hazem Header, ha sabido enfrentar diferentes percepciones en el mismo momento, gracias a que en algunas ocasiones combinaba en el mismo escenario dos acciones diferentes simultáneamente y, además, un proyector mostraba en la pared otra historia más sin sonido que estaba trascurriendo en el baño. Movimientos relajados en ocasiones y tensos y duros en otros, de la paz a la tensión en segundos, inevitable mirar hacia otro lado para presenciar el espectáculo.

Este tipo de obras muestran un Egipto latente que nada a ver tiene con los radicales que se suponen favoritos en el panorama político. Por cierto, el precio de la entrada era cero, totalmente gratuita.

Aquí un vídeo con algún fragmento de la obra:

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