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La hija del portero. Mángel Sevilla

Cuando te encuentras en un lugar nuevo y que te es desconocido, que tienes que explorar, siempre es  interesante vivir el periodo pre y post de unas elecciones. Ya que por mucho que el ideal de democracia sea claro y conciso, cada región la aplica de un modo diferente (tanto que, en ocasiones, al comparar dos democracias resultan ser un par de elementos absolutamente diferentes entre sí).

Ayer fueron las elecciones en el Parlamento egipcio, la ciudad se encontraba tranquila, sin el incómodo ruido compuesto por las bocinas, gritos, motociletas, y demás sonidos difíciles de catalogar. La ciudad estaba relajada y “expectante” ante unos resultados que supondrán absolutamente ningún cambio en la situación política.

Un presidente que va camino de estar tres décadas como líder, unas tasas de analfabetismo importantes, tasas de pobreza apabullantes,… hacen que la democracia en esta región sea algo peculiar.  Mubarak está mayor, bueno, eso según las cuentas que uno hace, porque se sabe literalmente “nada” de él, si alguien quiere saber de él es fácil, se sienta como uno de los vagabundos protagonistas de aquella famosa obra francesa, y esperan a Godot.

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