Home

Llegó el día 31 de diciembre y, como cada año, esperaba una gran fiesta en cualquier rincon. Pero no, equivocado estaba. De nada sirvió comprar unos cuantos kilos de uvas para comenzar el año nuevo con los amigos. Las caras de éstos al ver la emoción de los extranjeros a medida que se acercaba la media noche era graciosa, porque parecían no entender el porqué de la ilusión por comenzar el nuevo año.

En Egipto es cierto que muchas personas celebran la Nochevieja, sin embargo, no es algo que diste mucho de lo que es un fin de semana normal y corriente.

Ha pasado ya más de una semana desde que empezó el nuevo año, todo sigue igual, muchas promesas y lo habitual que pedimos en estas fechas que en el día de los enamorados habrá pasado a la historia.

Lo mejor de estos días que me he tomado como “vacaciones”, sin clases ni nada que hacer más que pasear, ha sido las estancias diarias en uno de los miles de bares del centro del Cairo. En especial, uno al que voy siempre, en una calle tranquila (algo difícil de encontrar en la ciudad y que sólo los que empezamos a ser veteranos de la zona sabemos), que su estructura compuesta de palmeras, edificios antiguos,… recuerda al periodo de esplendor intelectual que, por ejemplo, tuvo Tánger en su momento. Ahí se reúne la clase bohemia y alternativa de la ciudad, gente aparentemente sencilla pero con interesantes vidas; directores de cine, escritores,… Todo en una terraza a pie de calle, nada ostentosa, con poca luz, con el olor a diferentes aromas de shisha. Algunos días ha hecho algo de frío, pero con una chaqueta no muy gruesa se está muy bien.

No hay nada mejor que esa zona cuando cae el sol para fumar y beber “e’rfa”, es una bebida deliciosa, se sirve caliente, es leche sutilmente espesa con canela triturada, es de lo mejor que he probado aquí.

Anuncios