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Mubarak se ha ido… Ahora vienen los militares, parece que ahora todo ha pasado, ya no hay nada por lo que preocuparse… Pero, ¿eso es así? Es decir, ¿desde cuándo es bueno que lo militares tomen las riendas?. Dan seis meses para que Egipto lleve a cabo las primeras elecciones democráticas de su historia.

El cóctel del país de los faraones es complejo; unas tasas de analfabetismo no grandes, sino bestiales, con una estructura burocrática más que corrupta, un pueblo hambriento,… ¿qué pasará? es difícil de pronosticar, lo único que importa a cada egipcio es que, por ejemplo, esos 16 millones de pobres que hay en el Cairo (sobre una población de unos 20 millones), puedan tener algo que comer cada día y, al menos, una sanidad y educación mínima. ¿Cómo debe sentirse una persona de ver morir a su hijo por una enfermedad corriente que cualquier europeo curaría con una visita a la farmacia? y si a la pregunta añadimos: sabiendo que el “presidente” de tu país tiene una fortuna acumulada de 50 mil millones de euros.

Estos días estaba pensando en Nada, la niña que cada día permanece de sol a sol en calles próximas a la ahora famosa Plaza de Tahrir (por favor, no hace falta ser filólogo para aprender a pronunciar esto, tampoco es tan complicado, estoy escuchando cada perlita últimamente…). Ella vende pañuelos de papel, siempre está sonriente y alegre. Estos días me encontraba pensando en ella, cada tarde venía a hablar con nosotros, cuando tomábamos un té en alguno de los cientos de bares del centro y empezaba a reírse de mi acento hablando en árabe, y a contarnos en primicia las últimas actualidades de la zona. Así era la pequeña reportera.

Estoy intrigado por saber qué habrá sido de ella, una niña indefensa e inocente, tras estas semanas de revueltas, en las que ir por la calle se hacía complicado… Por lo menos los padres no esperan a que las futuras generaciones traigan la democracia, parece indicar que la generación de Nada obtendrá los frutos de la actual sangrienta cosecha.

La pequeña Nada y yo.

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