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Obama recibió el Nobel de la paz por elucubrar de lo que debía ser el objetivo de la política estadounidense en el futuro. Bien, ese futuro llegó y ahora parece esforzarse en mostrar al mundo que en realidad sí se mereció el premio sueco, así que como dijo al recibir el galardon (algo así como que en ocasiones para lograr la paz es necesaria la batalla) está ahora buscando aliados para llevar la democracia a Libia. España se une a la decisión, pero con un pequeño matiz, éste quiere contar con el apoyo de otros países árabes y africanos, que no suceda como ya pasó en Irak, en el que la intervención fue puramente occidentalizada.
La Haya quiere intervenir y juzgar los crímenes de un sanguinario como fue (y es) Gadafi. Hay una sutil ansia por parte de los líderes internacionales porque el dictador libio acabe entre rejas. Esto no deja de sorprender, ya que el vecino egipcio, Mubarak, ha sido igual, desde mi parecer mucho peor, y como está en su mansión del Mar Rojo sin incomodar a nadie y la cantidad de recursos que nos puede ofrecer el país de los faraones es inferior pues ya ni Unión Europea, ni Otan, ni el famoso presidente estadounidense, nadie, demandan medidas para condenar crímenes, asesinatos, torturas,… que han venido llevándose a cabo en Egipto desde hace décadas.
Obviamente la respuesta a todas estas incongruencias es clara, se llama RECURSOS NATURALES. La cantidad de gas y petróleo que tiene Libia no es comparable a lo que puedan tener la mayoría de países de la región “juntos”. Claro, el precio del barril de petróleo ha subido, eso ha supuesto que el ciudadano medio europeo, por ejemplo, se haya visto perjudicado. Pero veamos, es preocupante que el camino de un país bajo régimen dictatorial hacia la democracia suponga tanta “molestia” en Europa y Estados Unidos. Y esto es así porque deja patente que la estabilidad de los países desarrollados viene condicionado a que millones de personas estén constreñidas bajo la sombra de animales sanguinarios. Es curioso, Europa muestra pecho con orgullo ya que poseen las leyes sociales que velan por los derechos humanos más desarrolladas del mundo, pero habría que profundizar en conocer el patio trasero del “rico” continente pobre en recursos.

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