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Tras más de un mes fuera de Egipto, con la incertidumbre de cuándo regresar, por fin llegó el momento y esta semana con ilusión regresaré. Dejé un país gobernado por un dictador y vuelvo a una nación camino de la libertad, pero controlado por el momento por un bloque militar que promete elecciones en septiembre.
La tranquilidad parece haber regresado a las calles, a excepción del toque te queda, comenzando a media noche y terminado a las seis de la mañana.
Ansioso por ver a los amigos y deleitarme con alguna de las especialidades egipcias que a uno tan adicto vuelven. Ahora mismo estoy deseando comer el egipcio “fool sandwich”, algo muy simple pero fabuloso. No es más que un paté de “habas” (fool) introducido en un pan redondo y fino de poco menos de un palmo de diámetro. La gastronomía egipcia es amplia, pero en mi caso me apasiona esto tan básico. También, Baba Ganuj, esa especie de paté elaborado con berenjena y aceite de oliva, después probar una shisha de tufaha (manzana) a orillas del Nilo al atardecer rodeado de buenos amigos. Cosas simples que llenan mucho y cuestan poco. Terminando la tarde en faluca, uno de esos barcos bien iluminados, yendo con los amigos, y que apagan las luces cuando estás en medio del mega río, abrazados por una cordillera de edificios con sus constantes luces brillando. En la tranquilidad y el silencio de la barquita uno siempre piensa en que tras esas montañas urbanas se encuentra una ciudad a máxima ebullición las 24 horas. El contraste es mágico, idílico.

 

Una de las falucas a orillas del Nilo / Mángel Sevilla

Cairo desde la faluca / Mángel Sevilla

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