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Frente a mezquita / Mángel Sevilla. Cairo

Frente a iglesia / Mángel Sevilla. Cairo

……………………………………. En una sociedad como la egipcia la idea de tener un perro como mascota se da, pero no es habitual. El Islam aboga por el respeto a los seres vivos, con lo cual, si tienes esto interiorizado, la idea de tener un perro en un piso no ronda por la cabeza.

Pero la cuestión es otra. Agarré junto a un amigo dos de sus perros y salimos por el centro de la ciudad a pasear. Parece un asunto baladí sin importancia, pero aseguro que vives cualquier tipo de sensación excepto la de vivir una tarde de relax y sosiego. Comenzando con dos perros que actúan como si por sus venas fluyera cafeína, el paseo comienza. Las caras de sorpresa de las personas que se cruzan por la calle llama la atención. Las adolescentes que van con el novio actúan de ese típico modo en el que tras un salto y grito se protegen tras el varón pero que, en realidad, se ve en sus ojos que les encanta vivir ese momento.

Lo cierto es que no se pasa desapercibido con los “cachorros”. Había una calle en la que estaba repleto de mesas y personas fumando shishas que estaban en el suelo, en ese instante han aparecido dos de los mil gatos que hay en esa calle. A los ladridos de los perros han seguido una ola de móviles al aire para grabar el momento, al tiempo que los dos felinos arrogantes actuaban como si fueran conscientes de la provocación de su presencia, disfrutando con ello. La guinda del pastel ha sido cuando se ha cruzado un animal que abunda mucho por aquí, “A’eirsh” en árabe, un roedor parecido al hurón, de color marrón y del tamaño de un gato.

Perros en la Calle / Mángel Sevilla. Cairo

Cuando sales de ese momento cruzas la carretera de cuatro carriles sin semáforo. Cuando estás en el ecuador, deseando alcanzar “el otro lado”, te percatas de que hay siete perros ahí descansando y que poco divertido será tener un conflicto con ellos. Así que tapas la boca al perrito que seguro de sí mismo quiere enfrentarse a todos. El mal momento pasa y al darse uno cuenta percibe que está dentro de un charco de barro, con el pantalón roto y manchado. La tarde “tranquila” que dos horas atrás había imaginado.

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