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Es inevitable caminar con algún amigo egipcio por el centro de la ciudad y que, al pasar por la plaza Tahrir, salga en la conversación la situación que ahí se vivió en los últimos meses, comenzando el 25 de enero.

Al escribir en este espacio intenté dejar de lado el drama vivido en Egipto, narrar algo ajeno a esas historias que los medios se han encargado de que todos tengan bien interiorizado, sin embargo, es imposible no mencionar en algún momento la guerra que aquí se vivió. Cada amigo te cuenta el ángulo desde el que fue testigo, con historias diferentes, cada cual más tràgica.

Esta noche, caminando por la ciudad describía mi compañero el río de sangre que presenció en ese mismo lugar. Señalando que todo aquel que permaneció en la las inmediaciones de la famosa Plaza vio a alguien morir en algún momento. El 28 de enero, otro amigo se encontraba cerca de la plaza Tahrir, sintió una explosión en el aire y cientos de personas comenzaron a gritar agonizando y a correr como podían, por segundos él no sabía qué pasaba, pero se dio cuenta que la explosión era una especie de cóctel de afilados clavos que de modo anárquico se dirigían con fuerza hacia tierra firme, él tuvo suerte, pero su compañero no. Otros vivieron los minutos de agonía y miedo de los gases lacrimógenos lanzados, otros golpes, otros disparos,…

Historias de este tipo hay miles, pero lo que hay que resaltar es que los egipcios han dado al mundo una lección de fortaleza , mostrando que la unión de un pueblo, un deseo de cambio, puede lograr objetivos utópicos. Nada, absolutamente nada, impidió a los egipcios, personas como tú o como yo, mantenerse en las calles a pesar de las amenazas, de los ataques, disparos, atropellos por parte de coches oficiales, de estar en el objetivos de fusiles, lanzamiento de gases, ser arrollados por camellos y jinetes con ansia de guerra,… Frente a todo eso los egipcios tuvieron sólo dos armas, la palabra y piedras. Era un David contra Goliat.

Lo más sorprendente es que quienes narran las mil historias no son veteranos de guerra, expertos en situaciones de conflicto, recién salidos de la academia militar, etc son personas de 16, 17, 20 años. Gente que decidió salir a la calle sabiendo a lo que se arriesgaba. No se sabe con exactitud el número de víctimas mortales, para unos mil es una cifra exagerada, para otros es el doble. Lo claro es que murieron muchísimos defendiendo la causa en la que creían, un pueblo libre y soberano de sí mismo, ajeno al control de la familia Mubarak.

La gran pregunta es si el exdictador será juzgado o no.  De momento está detenido en su casa situada en la península del Sinaí, pero claro, recordando que robó como mínimo el equivalente a 50.000 millones de euros, hay que dar por sentado que su casa será cualquier cosa menos algo parecido a una cárcel.

 

Manifestación el pasado viernes en Plaza Tahrir/ Mángel Sevilla. Cairo

Manifestación el pasado viernes en Plaza Tahrir/ Mángel Sevilla. Cairo

Manifestación el pasado viernes en Plaza Tahrir/ Mángel Sevilla. Cairo

Manifestación el pasado viernes en Plaza Tahrir/ Mángel Sevilla. Cairo

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