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Son poco más de la una y media de la madrugada. Muchas personas permanecen en la plaza Tahrir ahora mismo, bastantes, pero lejos del número de personas del pasado viernes, día en que era difícil dar un paso con facilidad.

La gente ha decidido permanecer ahí esta noche también. Abundan las banderas nacionalistas y carteles con mensajes de condena al “Rais”. Todos los accesos para entrar en la plaza con vehículos están cortados, barricadas llenas de afilados alambres impiden la entrada,  la verdad es que estar acostumbrado a pasar cada día por ahí sin ellos y, de repente, tras lo ocurrido dos noches atrás encontrártelo, invita a la reflexión por unos minutos. Todo esto unido a un pequeño control ciudadano en cada acceso a Tahrir, en donde diferentes anónimos se encargan de que nadie acceda a la plaza con algún tipo de arma.

Las baldosas de las aceras ahora son arena, las vallas de acero que separan los peatones de los coches son una especie de embutido metálico tras haber intentado ser arrancados, un muñeco ahorcado colgando de un semáforo, palmeras empapeladas de mensajes,… Uno de mis lugares favoritos del Cairo se ha convertido en una escena surrealista propia de una obra de Dalí.

La cúpula militar promete elecciones justas en septiembre, mientras tanto son ellos quienes gestionan el orden. Sin embargo, dudo que se pueda confiar en un colectivo que apoyó durante décadas la presidencia de Mubarak sin levantar en ningún ocasión la voz contra él. Cairo no es el que era, eso está claro, una sutil ola de caos parece ser quien de verdad gobierna. Antes de la revolución las peleas en la calle se daban de modo esporádico, poco habituales. Pero hoy comentaba con amigos de aquí mientras asistíamos en directo a una pelea entre dos personas en plena calle, que el pueblo egipcio está especialmente susceptible, no hay día que salga a la calle y, al menos, no me encuentro con un mínimo de dos peleas. Cierto es que nada a ver tienen con cuestiones políticas, pero que un sentimiento de irrascibilidad comienza a ser una plaga es un hecho.  Además, añadido a que la presencia policial por la que siempre se caracterizaron las calles del Cairo no es como antes, ahora es prácticamente nula. Esto da para pensar que, a lo mejor, tanta agresión en la calle es porque de verdad hay más tensión en la ciudadanía por estos tensos meses o, simplemente, la ausencia de fuerzas del orden haga que un pequeño roce terminé en agresión.

Sea lo que sea, todo esto tiene que terminar pronto o el país va camino de no se sabe dónde. ¿Cómo es posible que un país productor de gas haya subido el gas de ocho libras (un euro) a 50 en poquísimo tiempo?. En economía, en educación, antropológicamente,… todo está cambiado y muy alterado, da igual el ámbito, Cairo necesita retomar su nuevo camino cuanto antes.

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