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Caminando estos días por Plaza Tahrir o zonas cercanas se ve a albañiles arreglando las aceras, vallas,… pero al aproximarse a ellos uno ve que, en realidad, son militares. Con el estándar traje color verde militar están reconstruyendo lo que en días de revolución se destrozó.

Ya no hay baldosas en las aceras, sino arena, y muchas de las vallas de acero color verde oscuro que aparecen en cada rincón de la zona fueron arrancadas o dañadas. Los días en que la policía egipcia atacó a su pueblo (previa orden de Mubarak) con todo tipo de armamento, la ciudadanía, al ver morir a sus compañeros y percibiendo que ellos serían los siguientes hicieron algo “humano”, y es defenderse para no ser asesinado. Así que cualquier cosa servía antes que nada: pedazos de baldosas, cristales de algún coche, tornillos,…

Acostumbrado a ver un grupo amplio de personas en el centro de la rotonda de la Plaza Tahrir, algo me llamó la atención hace un par de días, y fue al caminar por ahí de madrugada y ver que estaba tomada por los militares. Cada dos metros un firme hombre con uniforme militar mirando al vacío sin pestañear, al tiempo que agarraba su fusil.

Tras los altercados de hace una semana, cuando se bloqueó mediante alambrada los accesos para vehículos a la plaza, ahora parece que una relativa “normalidad” ha llegado, bueno, mejor dicho “ausencia de conflicto”. Sin embargo, cada día hay nuevas sorpresas que nadie esperaba.

Habrá que ver cómo reacciona el pueblo al ver el resultado de lo que finalmente diga la justicia sobre el destino de Mubarak. Justicia, esa palabra que todos usamos y pocas veces sentimos su presencia. Un concepto utópico en el que cada día creo menos.

Estoy ansiando la llegada de septiembre, cuando, en teoría, la democracia comenzará en Egipto. Quisiera pensar que será un éxito, pero lo dudo, ya que me la sensación de que un sentimiento de pasividad social reina en el ambiente, parece ser que tras haber sacado a Mubarak del poder  todo lo negativo del sistema ha desaparecido, pero el exdictador no es más que la puntita del iceberg. Un pedazo de hielo inmenso de una estructura arcaica bien arraigada que será difícil de eliminar esos vestigios del anterior sistema. Desgraciadamente, ganó el SÍ en el el pasado referéndum de hace un mes, en el que se aceptó la presente Constitución egipcia con 6 diminutas modificaciones. Esto es una clara muestra de que hará falta mucho más esfuerzo para lograr olvidar los últimos casi 30 años de represión.

Uno de los accesos a Plaza Tahrir cortados / Mángel Sevilla. Cairo

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