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Desde el Cairo estoy viendo cómo el pueblo español se ha levantado para exigir cambios en la sociedad, comparándose en alguna ocasión con los recientes movimientos en el mundo árabe (algo que desde aquí me parece exagerado). No entraré en ese absurdo debate, estoy totalmente a favor de esta unión pacífica en las principales ciudades españolas, quisiera pensar que esto servirá de algo. A diario me pregunto cómo es posible que líderes políticos actuales, con un Currículum Vitae cargado de casos de corrupción, sean los número uno en las encuestas, y que cada cuatro años revaliden sus mayorías absolutas en las regiones que gobiernan. Precisamente son este tipo de cosas lo que me hace dudar de la “revolución” actual española. Es cierto que posiblemente la existencia de esta clase de políticos sea la que ha hecho salir a la calle a la ciudadanía, sin embargo, esperaré a mañana domingo por la noche, una vez se haya hecho el recuento de votos, para decidir si continúo creyendo en la “spanish revolution” o no.

Muchos no ven con buenos ojos las concentraciones, alegando que sus integrantes no son más que “perro flautas” antisistema que actúan sin una meta clara y definida. Para estas personas que ven como “buenos gestores” a los políticos que priman más en invertir en carreteras que en becas de estudio, no siento más que lástima, pero al mismo tiempo rabia e indignación, es por esta mentalidad ignorante que mi pesimismo hacia estos movimientos va en aumento.

A grandes rasgos, el votante español sacrificios quiere pocos, así que si un político ofrece un buen poder adquisitivo durante los próximos cuatro años éste será su favorito. El votante ibérico no mira si el estado se endeuda, si los nietos deberán pagar los gastos del futuro,etc no, nada. Son felices durante esos años de “esplendor” en los que todo se podía hacer porque “los buenos políticos” eran geniales en economía. Después llegan los políticos del orto color, con un país que tiene buenos ahorros pero con una país vendido a las reglas del mercado, entonces, el país tiene mucho dinero pero él mismo se ha vendido, así que materialmente valor tiene poco, el día que el dinero se acaba ya no hay más valor porque el estado se vendió.

En ese punto de vista limitado que votan al mejor “gestor”(desgraciadamente en aumento) que el Gobierno abogue por un aumento progresivo en el fortalecimiento del sistema productivo, fortaleciéndolo (algo que necesita más de una legislatura), será invisible para este tipo de votantes. Ellos quieren “trabajo ya”, les da igual si para ello se edifica en las costas y parques naturales de España por ejemplo, porque “lo importante es el trabajo, dar de comer a las familias”. Estoy de acuerdo en ello, que el trabajo es importante, pero no como se pretende, de la noche a la mañana. Sería fácil arrasar con todo, edificar, y volver a la economía que sustentó al país desde finales del s.XX. ¿Pero qué pasará en el futuro cuando todo esté edificado por ejemplo?, nada, no habrá una crisis como la actual, sino el superlativo de ésta.

Hay que pensar muy bien a quién votar, leer entre líneas, ser inteligente, ver que si una ciudad está limpia, sin mendigos, personas bien elegantes y con buenos coches, no significa que vaya bien.

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