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No puedo evitar mostrar sorpresa cada vez que, en el Cairo, me encuentro con algún egipcio contrario a la colaboración de su gobierno con la vecina Palestina.

Manifestación por Palestina en Tahrer / Mángel Sevilla. Cairo

Estaba con tres egipcios charlando, de esos típicos a los que sólo les falta un cartel de 2×3 metros encima de su cabeza que ponga “soy open mind”. Bueno, salió a conversación la apertura de la frontera del país junto a Palestina, Rafah, en Gaza. A pesar de que un 99’9% de los egipcios son buenos y solidarios, desgraciadamente, en ocasiones, algún reducido grupo como este hace pensar que Israel es un país “arab friendly”. Nada más lejos de la realidad. Estas personas comentaron que ayudar a los palestinos sería cavar la propia tumba porque “mañana nos podría bombardear Israel”, también alegando que “los malos no son tan malos ni los buenos tan buenos”, en referencia a la situación entre palestinos y el país hebreo, señalando también que “Palestina no tiene nada que ver con nosotros”.

¿Cómo se puede ser parte del pueblo árabe y ser así? Reitero que gente así es una escasa minoría por aquí, pero me da pavor recordar que aun hay mentes así en el planeta.

Egipto lleva treinta años de dictadura en la que el gobierno ha regalado, literalmente, el gas y otros recursos al vecino Israel, además, los israelíes hasta ahora han venido de vacaciones al país sin ningún tipo de impedimento (a diferente de los penosos y laboriosos trámites que se debería hacer al contrario, es decir, un egipcio que decidiera ir a Israel), etc ¿Qué ha ganado Egipto frente a a su vecino? la respuesta es simple, nada. Bueno sí, algo ganaron, el amor de Israel por el presidente Mubarak y, por tanto, estabilidad en la región, recordemos que el país que ahora lidera el sionista Netanyahu tiene la peculiaridad de estabilidad y desestabilizar una región con tremenda facilidad y rapidez.

Estados Unidos dice algo y, tras la réplica de Israel, retrocede. No sé cuál es la solución para Oriente Medio, lo que sí sé es que es muy difícil, teniendo en cuenta que el estado hebreo no está dispuesto a mover un sólo dedo para retomar el diálogo, tan solo exige paz, más nada.

La conversación con los egipcios que comentaba al principio me hizo recordar algo, cuando caminando a orillas del Nilo un palestino, de Gaza, cristiano, narraba cómo fue expulsado de la región hace unos años. Entre lágrimas hablaba de la muerte de sus sobrinos, padres y hermanos por un bombardeo de Israel sobre la zona. Además, el restaurante que sustentaba a la familia, la única fuente de ingresos, acabó en cenizas. ¿Puedes imaginar? Sin familia, sin lo que siempre te dio de comer, nada. Deambulando, trabajando en lo que puede de aquí para allá, perdido, sin rumbo, en un país como Egipto, en el que a pesar de ser hermoso, no es su patria.

Aun así hay defensores del Apartheid que se vive en Oriente Medio, girando la cabeza o mirando hacia otro lado cuando sale el tema.

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