Home

Una vez más he ido en Faluca, tal como llaman en Egipto a las barcas tradicionales que navegan por el Nilo -bien es cierto que las actuales distan mucho de las clásicas, ahora se trata de una gran barca con capacidad para unas 30 personas-.

Caminando a orillas del río una barandilla de metal alzada a unos cinco metros del nivel del agua sirve de apoyo para las personas que ahí observan las embarcaciones que salen, y zarpan a lo largo de media o una hora y regresan de nuevo. Es una actividad de ocio interesante entre egipcios y turistas, unas veces relajante, enérgica otras .

Por 2 ó 3 libras disfrutas de un paseo de alrededor 45 min / Mángel Sevilla. Cairo

Desde la altura que comentaba decenas de hombres pasan la tarde observando a las personas. Una mujer a orillas del agua está bailando al ritmo de una música con decibelios  ensordecedores, unido a que cada faluca tiene su propio equipo de sonido, con lo que el conjunto es una algarabía de gritos, coches, diferentes canciones,… insoportable. La mujer baila sin parar moviendo caderas y sin perder la sonrisa, atrayendo a nuevos pasajeros.

Tras pagar dos libras bajamos las escaleras -angostas- y subimos al aparato coloreado con todo tipo de luces de colores que nos llevará a dar un paseo. Hay que esperar hasta que la faluca se haya completado, y mientras tanto suben familias con niños, jóvenes, etc. Algo que llama la atención es un grupo de tres chicas jóvenes -si son mayores de edad será desde hace poco tiempo-, llevan hiyab, visten muy juveniles, pero no pasa desapercibida la ropa poco aseada, así como pequeños agujeros en gran parte de la vestimenta. Comienzan a bailar al ritmo de la música, potente y animada, poco a  poco sus movimientos van a corde con el compás de las canciones, con lo que empiezan a llevar a cabo movimientos insinuando apertura y cierre de las piernas, caderas, jugando con el movimiento del trasero, etc. Unido a ello, lanzan miradas directas a hombres que responden con una sonrisa, y continúan con la aproximación de éstas hacia ellos, seguido de un intercambio de números de teléfono.

Tras este momento surrealista que se repite sin cesar, pregunto a un amigo cairota -de esos que conocen bien su ciudad, no de los de “boquita”-, y me dice algo sin rodeos, “son putas“.

No puedo evitar estar unos segundos mirando al vacío, al tiempo que el barco atraviesa un puente, y vislumbro una iluminadísima metrópoli abrazada por rascacielos que hacen te sientas una hormiga entre el inmenso Nilo. Volví a preguntarle, yo seguía sin entender muchas cosas, ¿cómo era posible llevar velo y ser tan poco discreta actuando en el oficio más antiguo del mundo ante la mirada de todos?. Por supuesto el impacto no era derivado de la profesión en sí misma, sino que al relacionarlo con la sociedad en la que nos encontramos, altamente conservadora, era lo chocante. El compañero siguió respondiendo de forma clara y concisa: “son las contradicciones del país, esto da dinero, entonces todos callan”.

El golpe a los sentidos vino cuando me comentó que esas chicas en particular trabajan cobrando no más del equivalente a 10 dólares.

La faluca espera estar completa para zarpar / Mángel Sevilla. Cairo

La faluca es una actividad de ocio muy común / Mángel Sevilla. Cairo

Anuncios