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Existe un lugar que todos ven a diario y pocos conocen. Se trata de una pequeña isla en el Nilo, en el cruzando la ciudad, en su corazón, hacia el norte (a 15 minutos en coche desde la plaza Tahrir).

La isla más famosa de la ciudad es Zamalek, es comparada a menudo con Manhattan. Es el lugar de encuentro de la clase media-alta y alta de El Cairo, ya que los bares cuidan con delicadeza su imagen (por supuesto unido a altos precios) y las mejores tiendas de la ciudad están en cada esquina. En la megalópoli cairota existen varias ínsulas, en la que exceptuando Zamalek el resto es imposible de acceder por carretera, se debe coger una barca, barquita, faluca y derivados. Además, en el resto el abandono y marginación absoluta por parte del Gobierno es una realidad.

En la zona norte de la ciudad hay una isla muy especial, en cuanto llegas al “puerto” la sensación de haber viajado en el tiempo siglos atrás es inevitable, hay burros, caballos, etc todos metidos en el agua, niños nadando en las poco nítidas aguas, barro por todas partes,… Tras pagar 25 piastras (un cuarto de libra egipcia, 0’029 euros) y una travesía de 10 minutos se alcanza el islote: recubierto del verdor que plataneras y miles de plantas que darán mazorcas en un futuro próximo, sin asfalto en las aceras, con senderos laberínticos que invitan a perderse, gente amable que saluda y sonríe sin dudar, niños con una felicidad contagiosa disfrutando al máximo en cualquiera de las acequias tradicionales o bañándose en el Nilo (aquí el río parece una playa gigante, es fácil sentarse con los pies en el agua sin problemas, a diferencia del resto de El Cairo). Pero el valor más importante de esta zona es la tranquilidad, el silencio. Cualquier persona foránea que lleve algún tiempo en la ciudad verá la ausencia de polución acústica como una joya, muy difícil de obtener. Pero aquí reina la paz, la tranquilidad y la ausencia de cualquier tipo de estrés.

A ratos uno camina por cualquiera de los senderos, con escaso metro y medio de ancho y paredes altas formadas por la espesa fauna, la quietud desaparece en un segundo al no advertir, de repente, la llegada de algún hombre yendo en su burro, o en una moto, o en un “tuk-tuk” (vehículo de tres ruedas a modo de taxi).

Los locales viven básicamente de la agricultura y de la pesca, en cada rincón de matorrales a orillas del Nilo se aprecian familias o algún niño pescando con los amigos. Ellas también aparecen entre las aguas en alguna ocasión, limpiando telas, alfombras,… Lo mejor es cuando se deja de lado cualquiera de los laterales de la isla, entra en uno de esos caminos que llevan al interior y se encuentra con una extensión kilométrica de cultivo de cualquier tipo.

Algo fabuloso e idílico es apreciar El Cairo desde la calmada isla, una imagen de un capitalismo puro salvaje con piel de modernidad visto desde el pasado…

 

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