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El taxi está sobrevolando la ciudad en uno de los numerosos puentes kilométricos de El Cairo. La antigüedad y el color gris grisáceo de minaretes y edificios construidos en piedra recuerdan al medievo árabe.  Un escenario que va  perdiendo protagonismo al seguir cuesta arriba por una carretera  que se introduce entre un par de inmensas y áridas cordilleras tintadas de un suave marrón rocoso, atrás se percibe el atardecer sobre la silueta de una ciudad con aspecto difuminado que es provocado por una mezcla de contaminación, arena y humedad cairota.

Una de las cafeterías del Mokattam/ Mángel Sevilla. El Cairo

Al entrar completamente entre las montañas una consecución de curvas y luchas entre coches por alcanzar primero la cima está presente de un modo sutil, tras un paseo de más o menos un cuarto de hora se cambia de repente ese escenario de montañas desérticas  para pasar a estar en una ciudad, estamos en Mokattam, un lugar en el que a pesar de su lejanía de El Cairo está considerado como un barrio mismo de la ciudad.

El taxi nos deja en “La Corniche”, un espacio kilométrico al borde de un precipicio, el suelo es de arena, completamente sin asfaltar . Las cafeterías están a lo largo de ese paseo, compuestas por sillas de plástico al borde del acantilado. Se puede beber un zumo natural, un batido o fumar shisha en ese ambiente fresco, silencioso y tranquilo, abrazado por una brisa envidiable entre las nubes. Lo mejor es cuando se hace una pausa para apreciar la vista a toda la ciudad y sentir que, la capital de Egipto, está a tus pies…

 

Una de las cafeterías del Mokattam/ Mángel Sevilla. El Cairo

 

Una de las cafeterías del Mokattam/ Mángel Sevilla. El Cairo

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