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La vida en la ciudad transcurre con normalidad estos días si se logra ignorar el constante ruido de las sirenas de ambulancias y algún disparo espontáneo (que no abundan, es cierto) que se dan de vez en cuando (especialmente en la noche). Las calles están tranquilas, es posible ir a cualquier cafetería a tomar algo y estar ausente de lo que en la Plaza Tahrir está sucediendo.

La parada de metro que hay en plaza Tahrir se llama Sadat, es un punto vital en el transbordo de una línea a otra de metro, así que es prácticamente inevitable pasar por la estación. Al caminar hoy por los pasillos la presencia de los gases lacrimógenos lanzados ayer no está ausente, voluntarios en cada rincón de los interminables pasillos ofrecen pañuelos y un líquido (no sé qué es) para colocar en los ojos y en la boca, para calmar así la sensación de intensa sequedad que en la boca provoca.

Al salir a la Plaza miles y miles de personas aguardan de forma pacífica. Lo primero que viene a la mente al ver esa tranquilidad es la curiosidad en saber el porqué de las constantes sirenas de las ambulancias, ¿de dónde vienen?. Hay una pequeña calle (no pasa desapercibida, pero en comparación con el resto no es grande) en la que la policía ha atacado con fuerza a los que ahí osan manifestarse. La importancia de esa avenida radica en que ahí está el Ministerio del Interior. De ahí han salido heridos a lo largo de toda la mañana y tarde, de vez en cuando el estallido de la policía que ahí se encuentra provoca que las personas se asusten y corran en marabunta hacia el interior de la plaza, una carrera en la que el pánico va creciendo en segundos y va decayendo poco a poco. Pequeños ambulatorios improvisados atienden en el suelo a los heridos. Entre esa escena de gritos, sirenas, pitidos, etc una macroconcentración de musulmanes reza en el centro de la plaza a medíodía, en silencio.

Rezo colectivo en Tahrir / Mángel Sevilla. El Cairo

La noche ha continuado igual, “tranquila” en el sentido de que no ha ido a peor. Miles y miles de personas hacinadas en la plaza que, con una habilidad sorprendente, dejan paso a gran velocidad a las ambulancias que cruzan.

Se forman pequeños grupos de personas que escuchan a alguien que, mediante su móvil, ordenador o ipad lee las noticias de última hora sobre la situación. Algún espontáneo se une a la conversación y lanza algún comentario, comienza un debate fraternal en el que habiéndose iniciado con tres o cuatro amigos termina en un par de decenas.

En cada rincón venden comida de todo tipo, bebidas, periódicos, etc, sin embargo el producto estrella de la plaza son las máscaras para protegerse del gas, posible adquirir una por 15 libras (menos de dos euros). Estas máscaras cuelgan del cuello de cientos de personas en la plaza.

El ambiente en la Plaza es amigable y agradable, con personas de todo tipo y clase social, pero estruendos de vez en cuando en las calles del interior de la ciudad muestran que, detrás, a pocos cientos de metros, hay una verdadera batalla infernal latente.

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