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Los gases lacrimógenos pueden sentirse en todo el centro de la ciudad. La garganta empieza a escocer, parece que arde por dentro, los ojos van sintiendo poco a poco un escozor impresionante, lágrimas y más lágrimas acompañan un dolor fuerte en los ojos. A pesar de que el conflicto está situado únicamente en la zona en la que se encuentra el Ministerio del Interior, es tal la cantidad de gases lanzados por las “fuerzas del orden” que como una niebla ácida se va expandiendo por todo. Es importante destacar que, si se tiene la mala suerte de padecer en primera persona esta experiencia, no quiere decir que sea debido a que uno se encontraba en plena Plaza Tahrir o yendo a lugares indebidos,  no, el gas se expande, y empieza a correr por la ciudad más allá de las fronteras del conflicto.
La tensión y el ambiente eufórico de lucha se encuentra en cada paso.

La Plaza Tahrir es un lugar seguro por el momento, ahora hay un par de campamentos improvisados para atender a los numerosos heridos que vienen de la calle que da al Ministerio del Interior. Las ambulancias no dejan de sonar con ese sonido que provoca que el corazón de todos se altere aún más, hay decenas de ambulancias y todas ellas entran y salen de forma constante de la Plaza. Gritos, heridos sujetados por alguien que pide ayuda entre sollozos, ambulancias que intentan cruzar la plaza ante miles y miles de personas, grupos de activistas que se dejan la voz por lanzar mensajes contra los militares, etc.

Los médicos que están voluntariamente trabajando disponen de recursos escasos, pero gracias a la red social TWITTER se ha organizado y animado a los interesados en ofrecer su colaboración. Así que cargando pesadas cajas con medicamentos, bebidas y cualquier tipo de material médico hay que lograr alcanzar uno de los centros de salud. Es tal el hacinamiento que caminar un par de metros se hace eterno, además, el ambiente en la ciudad es como el que se describía en el primer párrafo, todo va bien, fluye con normalidad, pero en un determinado momento sin que nadie lo espere la sensación de ahogo y dolor derivado por los restos del gas que acaba de ser lanzado (de nuevo) en el Ministerio del Interior empiezan a dar sus efectos. Una sensación horrible que alcanza su clímax cuando, desgraciadamente, se tiene la mala suerte de estar, literalmente, ciego por unos instantes.

Los hospitales recién creados en la plaza no están en un lugar cerrado, sino al aire libre. Hasta anteayer una pequeña mezquita debajo de un edificio fue utilizada como hospital para tratar a los heridos, sin embargo, la policía decidió lanzar un bote de gas allá dentro, con todos los heridos en el interior, una escena aterradora. Según señalan, los gases utilizados en los pasados meses estaban caducados, en esta ocasión se cuenta con el privilegio de que son “nuevos”, con el añadido de que poseen una composición internacionalmente rechazada por sus graves riesgos para la salud (posiblemente unos gases comprados a uno de esos países que va por el mundo defendiendo democracias).

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