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Tras una semana de malas noticias, de personas apaleadas y gaseadas como cucarachas, de espontáneos disparos y sonidos de ambulancias día y noche, de lágrimas y sollozos, de miedo y pánico y de una total incertidumbre social y política, la escena de un rezo multitudinario en el epicentro del conflicto resulta, simplemente, hermosa.

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