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Desierto Blanco / Mángel Sevilla. Egipto

No hay una sola luz a kilómetros, una espesa noche deja entrever monumentales sombras -por la mañana presenciaremos su rostro- gracias a un cielo estrellado y mágico propio de cualquier desierto del planeta. El frío es aterrador, varias capas de abrigo nos cubren. El estrés vivido en El Cairo las pasadas semanas desaparece en ese lugar perdido entre Libia y El Cairo, estamos en el Desierto Blanco, también conocido como Sáhara el Guedida (“el nuevo desierto”).

Un grupo de amabilísimos beduinos egipcios nos acompañan en esta travesía, han organizado un campamento improvisado en medio de la absoluta nada para pasar la noche. Una potente hoguera es abrazada por todos al ritmo de los timbales y cantos beduinos.

Tras pasar la noche sin un techo para cubrirnos -pero con gruesas mantas- amanece. El sol se está poniendo sobre una extensión kilométrica de suave arena que yace debajo de rocas gigantes de un intenso blanco. Un paisaje que da el efecto de estar nevado debido a las formaciones de piedra calcárea.
Un lugar idílico de paz y armonía, la mejor antítesis de la actual metrópoli cairota. Las imágenes hablan solas…

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