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Estación de tren / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Estación de tren / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica

No hay metro en Ciudad del Cabo pero sí una amplia red de trenes que llevan a la periferia de la ciudad. De apariencia arcaica y casi idénticos por fuera a los que en la actualidad hacen el recorrido Alejandría-El Cairo en Egipto, se toman en la estación central de Ciudad del Cabo, un moderno y limpio edificio similar a cualquier aeropuerto que se precie.
Aun insistiendo cuesta, siendo extranjero, conseguir un billete en tercera clase. Siguiendo los consejos de un par de amigos sudafricanos (que nunca han tomado el tren) voy en primera clase, somos 9 personas (ocho blancos y uno negro, cifra importante). Los asientos se distribuyen diferente a los de tercera clase, aquí son pequeños espacios de cuatro personas, una pareja de frente a la otra, no van muchas personas para la capacidad que el vagón tiene.
Al regreso a casa la situación cambia, voy en tercera clase y aquí la

Estación de tren / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica

estructura de los asientos es similar a la de cualquier metro del planeta, dos hileras de bancos en paralelo en el que los pasajeros de un lado ven de frente al resto, además del paisaje. Hay alrededor de 25 personas y ahora yo soy el único blanco. Si en primera clase el silencio era el monarca absoluto, aquí todo lo contrario; risas, gritos, gesticulaciones y una variedad étnica y lingüística brutal (recordar que el país tiene once lenguas oficiales), gritos de vendedores ambulantes con bolsas gigantes de aperitivos y bebidas, comerciantes de cortaúñas, de auriculares para el celular y carteras para la documentación, pilas alcalinas, chicles, chocolates, frutos secos, y un gran etcétera. Te venden pares de calcetines a cinco rand (es alrededor de medio euro) y al rato aparece la competencia ofreciéndote tres pares por nueve rand.

Parada de tren / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Anuncio para alargamiento de pene  / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Hay adhesivos cargados de publicidad en blanco y negro en cada rincón del vagón, en unos prometen un aborto “express” por 300 RAN (30 euros) o alargamiento del pene con resultados inmediatos por el mismo precio.

Al parecer es cierto que suceden cosas feas en el tren, pero acontecen de noche (momento en el que de verdad es peligroso) o en vagones prácticamente vacíos, pero en general, si no se hace muestra de dinero, teléfono,… es muy seguro.
Algo nada fiable es tomar alguna de las líneas de tren que pasan por “Townships” (barrios marginales a las afueras de las ciudad), esas zonas deben estar bien marcadas en nuestro mapa y, nunca, ni siquiera por error, permitirse el lujo de pasear por ahí. Pero bueno, como en cualquier parte del planeta con problemas sociales, es irrisorio el pocentaje de personas que delincan por placer, hay necesidades importantes en la población que el Gobierno en la última década ha mejorado, pero que todavía queda mucho por hacer.

En resumen, viajar en el tren de Ciudad del Cabo es una de las cosas más interesantes que tiene la ciudad.

Vagón de tren en “primera clase” / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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