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Isla de las focas / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo

Una óptima y solitaria carretera entre grandes montañas -con unas fantásticas panorámicas- llega hasta un pequeño poblado llamado Hout Bay, un puerto tradicional de pescadores con un aire mediterráneo -cuando se deja la arquitectura atrás y se visualizan los barquitos en el mar, porque las construcciones son bien estilo holandés-.

Una foca en el puerto de Hout Bay / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo

Un turismo aceptable sin ser masificado camina entre músicos espontáneos que dan alegría al lugar, con trompetas, tambores,… y sin dejar atrás una sonrisa petrificada, dando la bienvenida a todo aquel que llega al puerto, con un escenario repleto de pequeños puestos de venta improvisados con todo tipo de artesanía: huevos de avestruz pintados con imágenes tradicionales, esculturas de cerámica y madera, amuletos, ropas cargadas de colores bien vivos, etc. Realmente ha sido uno de los primeros momentos en los que me sentí en África, bueno, también viajando en el tren de la ciudad.

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El puerto es conocido por el número de focas -con obesidad mórbida como he visto- que ahí pasan el día presenciando la ida y venida de pescadores que lanzan la cosecha del día al suelo, para que todo aquel que desee la compre a un precio realmente barato, la promoción del día ha sido tres pescados de alrededor medio metro de largo, bien gordos, por 25 RAN -unos dos euros y medio-. Pero la idea de venir aquí no es la de comprar pescado, sino la de tomar uno de los barcos que por unos cinco euros te aproximan a la coloquialmente llamada “Seal Island” –“la isla de las focas”-, su nombre original es Duiker, un santuario de emigración de cientos de este mamífero junto a varios tipos de aves.

Está prohibido pisar la isla si no eres una foca, así que, como no lo soy, me tengo que conformar con verlas desde una distancia prudente entre un fuerte oleaje que va alternando cada pocos minutos con un mar retranquilo. En un par de ocasiones he sentido que mi compañero –que no sabe nadar- volaba directo al gélido mar y, sinceramente, la simple idea de saltar a rescatarle entre tanto mamífero deseado por los tiburones me aterra. Dicen que no es problema, que a pesar de haber tiburones en Ciudad del Cabo, están en “otra” playa y no en esta zona, así que como estamos a pocos kilómetros de distancia no debo “preocuparme”.

Hombre da comida a las focas en el puerto de Hout Bay / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo

Mientras vas dejando atrás la costa y te alejas de los acantilados el oleaje va en aumento, a pesar de que el día es claro, el agua que choca con la isla da un sutil toque nubloso a las cientos de focas que llenan el paisaje, da la sensación de no ser una imagen real, muy bonito.

Isla de las focas / Mángel Sevilla. Ciudad del Cabo

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