Home
cercas eléctricas

Cercas eléctricas de 10.000 voltios alrededor de cada edificio / Mángel Sevilla. Ciudad Del Cabo, Sudáfrica.

Me encontraba en una conversación espontánea entre sudafricanos y, como si de comprar el pan se tratara, un compañero decía tranquilamente que, dos noches atrás, un grupo de hombres intentó entrar en su casa por la fuerza, con él y su pareja dentro. Era de madrugada y estaban dormidos, escucharon un sonido poco habitual que les despertó, rápido fueron a ver qué sucedía y vieron a tres hombres tras la ventana forzando la puerta principal, la reacción fue rápida corrieron a presionar el BOTÓN DEL PÁNICO. A continuación, un fuerte sonido sonó por toda la casa, se escuchó caer al suelo una barra de hierro, y los hombres huyeron. Esto pasó en una casita en los alrededores de Ciudad del Cabo, un hogar que está rodeado con vallas electrificadas y las entradas tienen detectores de movimiento, aún así los ladrones lograron entrar más de lo que deberían.

Doble puerta seguridad

Típica puerta doble de seguridad / Mángel Sevilla. Ciudad Del Cabo, Sudáfrica.

Cuando llegué a Sudáfrica y busqué una vivienda lo que más me sorprendió fue cuando la casera me comentó, en el mismo tono relajado y sereno que el compañero de antes, los lugares de la casa en los que se encontraba el panic button, o sea, el botón del pánico. Es un pequeño pulsador que se encuentra en cada habitación, en caso de emergencia se presiona y salta la alarma y la seguridad llega a casa en cuestión de minutos. Si alguien entra en la casa, no pienses en nada más que en pulsar ese interruptor, me dijo la dueña del apartamento, bien relajada, como quien te dice que no sabe si hacer macarrones o espaguetis para cenar.

Mi casa, un apartamento en el centro de Ciudad del Cabo está en un edificio de cinco plantas, todo él, incluido el aparcamiento, está rodeado por una cerca eléctrica de unos cuantos miles de voltios. Una vez dentro, te encuentras en la planta baja con la casa del portero/jardinero que ahí vive con su familia. Césped y jardín rodean el edificio y dan la bienvenida a todos antes de entrar a casa. Llego a mi puerta -mejor decir “puertas”-, debo abrir primero una puerta de rejas metalizadas tipo una celda y a continuación una puerta de madera que tiene una doble capa de hierro. Una vez hecho tengo 15 segundos exactos para colocar el código secreto de la alarma o ésta saltará y vendrá la seguridad privada en cuestión de minutos. Cuando está desactivada ese sensor que detecta movimiento ya estás “libre”, con rejas en cada ventana de la casa y un balcón al que su acceso es idéntido al de la triple puerta principal.

La ciudadanía sudafricana tiene totalmente interiorizada esta forma de vida, y no es extraño conocer a madres y padres de familia que enseñan a sus hijos desde pequeños un plan de actuación en caso de que un grupo de personas invada la casa en la noche. Niños aprenden cómo esconderse de los posibles visitantes nocturos. A primera vista parece traumático o escandaloso, pero una vez aquí, te percatas de que es algo totalmente asumido en la vida diaria de los ciudadanos de esta parte del mundo. No caminan por las calles ni viven con una paranoia visible, es sutil, simplemente han interiorizado una forma de vida, unos hábitos que llevan a cabo de forma inconsciente. Pero, aunque esa psicosis no se sienta, estoy convencido de que en el subconsciente de la población de algún u otro modo hace mella. En realidad no sientes en la vida diaria ese miedo y estrés que desde el inicio de la vida sudafricana te remarcan, obvio hay diferencias entre las distintas regiones del país, bueno, en realidad entre Johanesburgo, Ciudad del Cabo y el resto del país. Desde mi experiencia se exagera en medidas de seguridad, y mucho, no es la región más segura del mundo, pero tampoco es el infierno que en ocasiones venden, pero, repito, desde mi experiencia, porque las historias -y fuertes- se escuchan a menudo…

Rejas en cada ventana

Rejas en cada ventana y doble cristal en cada habitación / Mángel Sevilla, Ciudad Del Cabo, Sudáfrica.

Anuncios