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“Si esperas las condiciones ideales, nunca se darán.”

Nelson Mandela, (1994)

Referente no solo político, sino moral, ha logrado que sus palabras sean escuchadas no únicamente por los suyos, sino por los otros. Una vida dedicada a su pueblo y al progreso de la Humanidad, a luchar no por la mejora de su raza, sino por la igualdad de todos.

Ojear la Constitución Sudafricana provoca que el vello del cuerpo se rice. Una nación, no del primer mundo, con una de las constituciones más progresistas del planeta, como se aprecia, por ejemplo, en su artículo 9:

El Estado no puede discriminar injustamente, directa o indirectamente a cualquier persona por uno o varios motivos, entre ellos la raza, género, sexo, embarazo, estado civil, origen étnico o social, color, orientación sexual, edad, discapacidad, religión, conciencia, creencia, cultura , idioma y nacimiento.

The state may not unfairly discriminate directly or indirectly against anyone on one or more grounds, including race, gender, sex, pregnancy, marital status, ethnic or social origin, colour, sexual orientation, age, disability, religion, conscience, belief, culture, language and birth.

Ninguna Constitución de los países que componen Europa, por ejemplo, alcanza el nivel de desarrollo de este pequeño párrafo, simplemente me fascina. Es agradable saber que la figura que representa estas palabras se materializa en Mandela, un hombre que fue torturado y acusado de terrorismo por defender, básicamente, este párrafo.

Ahora Nelson Mandela está enfermo y parece ser que no lo queda mucho más tiempo de vida, pero cuando fallezca su figura no va a desaparecer, su esencia sigue y seguirá innata en millones de ciudadanos sudafricanos, blancos y negros, que aspiran a mejorar este país cargado de problemas. El otro día comenté un post en el que yo iba en el tren de la ciudad, en tercera clase, en donde siempre se aprecian decenas de personas con problemas económicos evidentes. Un día estaban todo los viajeros en aquel convoy cantando, yo no podía dejar de imaginar que Mandela se crio en un entorno similar, mucho más excluido incluso, y que llegó a orientar a millones de ciudadanos.Estoy convencido de que, gracias a Mandela, hoy un blanco pueda estar rodeado de personas con colores diferentes y que, en realidad, no haya ningún tipo de diferencia entre la interacción que se da, todos se tratan con el mismo respeto en el transporte público, por ejemplo.

Veo a diario niños llorando porque tienen hambre, están en los alrededores de las estaciones de tren de barrios periférios, al tiempo que sus padres están vendiendo cualquier cosa. Una realidad de la que los propios sudafricanos en ocasiones no son conscientes, pero a diario no dejo de pensar que en cualquiera de esos cerebros residen grandes líderes en diferentes ámbitos de la Humanidad (ciencia, política,…), y que privar a unos pocos de crecer, provoca que unos posibles pocos grandes líderes sean destruidos.

Tras ir percibiendo que la muerte de Mandela se avecina, una sensación de hermandad parece ocupar cualquier conversación, creo firmemente que cuando el exlíder sudafricano nos deje, esta sociedad volverá a recordar los valores de mediados de la década de los noventa, cuando se destruyeron los muros que separaban colores y todos se mezclaron creando este fascinante arcoiris. Un sentimiento que hizo que millones de sudafricanos se sintieran, por primera vez, que todos eran iguales.

“Todos sabemos cuan tenazmente puede el racismo aferrarse a la mente y hasta qué punto puede infectar el alma humana. Allá donde se sostiene en disposiciones raciales en el orden social y material, esa terquedad puede multiplicarse por cien.” Nelson Mandela (1994)

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