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“Ella” decidió abandonar su pequeña aldea tras ser invadida por un grupo de hombres desconocidos y armados. Violada una y otra vez por varios tipos, no recuerda cuántos, “tal vez quince hombres, no sé”, señala. Su madre también, pero la dejaron en seguida porque “no follaba bien”. Gritos de pánico mezclados con el murmullo de los hombres del pueblo amordazados, con la boca tapada, se perdían en el horizonte de los kilométricos bosques de los alrededores del poblado, junto a eternas risas diabólicas de los invasores. Tras horas y horas de terror todo paró de repente y no se escuchaba nada, “daba miedo ese silencio, nadie podía hablar, ni siquiera llorar”, comenta Ella.

Es la dolorosa historia de una de las miles de congoleñas que han sufrido, sufren (y sufrirán) esta misma situación. Ella decidió huir hasta Sudáfrica, en una travesía de un año y medio hasta alcanzar su destino. Primero era salir de la aldea (sin carreteras ni caminos que lleven a alguna ciudad), tras superar esa fase vino Zambia primero, después Mozambique y, finalmente, Sudáfrica, en 18 meses. Buscando trabajo, limpiando y cosiendo en cada ciudad que pasaba, intentando juntar dinero para avanzar y no retornar a casa. Pero un infierno peor venía en cada destino, policías corruptos en cada frontera acompañado de alguna violación más… “una más”, dice.

Personalmente, no puedo evitar imaginarme la horrorosa escena de la violación colectiva inicial. “Tal vez quince hombres, no sé“, esta frase me dejó blanco, se me hace insoportable representar mentalmente el momento inicial con el primer hombre de ¡¡QUINCE!! Introduciendo su pene una primera vez como una cuchillada en el alma, sacándolo, pero entrándolo de nuevo retorciendo de dolor el espíritu de Ella, y continuando una tercera vez el mismo proceso, y una cuarta, y quinta, y sexta, y séptima, y octava, y novena, y décima, y undécima, y duodécima,… penetración. No ha finalizado el primero y, todavía, faltan CATORCE HOMBRES MÁS.

Me tapaban la boca y golpeaban al tiempo que me decían palabras humillantes para incrementar su excitación“, comenta. Pero lo peor, según Ella, fue ver cómo dos hombres agarraban a su  atormentada vecinita de 10 años y la introdujeron en otra pequeña cabaña con el grito “vamos a jugar” acompañado de risas satánicas y perversas.Cuando horas después vi a la pequeña pensé que estaba muerta, su delicado cuerpecito estaba sangrando, tan inocente, había sido violada varias veces también“.

Lamentablemente, esta es una realidad diaria en Congo, el año pasado unas 300.000 mujeres fueron violadas en el país… TRES CIENTAS MIL, tres veces la población completa de la isla en donde nací.

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