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Bah, son cuatro gatos, en la policía española no hay corrupción, tienen buenos salarios. Bueno, eso es relativo, hay otras maneras de ser corrupto, como torturar a un animal o cometer un acto de burla y humillación hacia otra persona.

Quiero comentaros un par de ejemplos de actos de tortura y humillación por parte de un par de policías locales en la fantástica isla en la que me encuentro:

El primer imbécil del que quiero hablar es ahora Policía Local en Ibiza, durante su servicio cuando estaba en Mallorca decide parar en una granja de cerdos y, animado por su compañero, lanza un aerosol gas-pimienta a uno de los animales. Al ver que el puerco no muestra signos aparentes de incomodidad ni de dolor, el policía con cara de lerdo insiste en su hazaña de “macho”. Finalmente, el pobre cerdo aparece sufriendo y con problemas serios para respirar.

El gas pimienta es utilizado EN CASOS EXTREMOS porque produce ceguera temporal, obstruye las cavidades nasales, irrita la piel a rabiar, seca la garganta a lo bestia, etc. Es un producto caro que todos pagamos de nuestros bolsillos para que pequeños acomplejados con su virilidad hagan uso del mismo de forma ilícita, causando sufrimiento a un animal o persona por simple entretenimiento. A continuación el vídeo en el que se ve al cateto del Policía Local cuando trabajaba en Mallorca torturando al animal:

El otro súper policía dice con voz cínica un venga, buenos días señor negrito, adiós para, acto seguido, destruir el material que tiene para subsistir la persona del otro lado del teléfono, a la que el policía está prometiendo que al día siguiente le hará entrega de la misma. Cuando termina la llamada, el policía nos deleita con un bonito desfile mostrando su esbelto cuerpo realizado a escala de una patata ibicenca (bien voluminosa y amorfa), al tiempo que patelea la mercancía del vendedor ambulante. Vale la pena ver el breve vídeo:

Ese cuerpecito hermoso al que probablemente avalan kilos de buenas sobrasadas y chorizos de campo ha pasado, supuestamente, pruebas de todo tipo para ocupar el puesto de Policía Local. Sin embargo, tras mi experiencia viendo la gestión del empleo público en este país, unido al comportamiento que muestra limitaciones intelectuales de estas personas, está más que confirmado que la nitidez en la gestión del empleo local sufre grandes carencias. ¿Quién hace las pruebas físicas a esta gente? ¿Y las psicotécnicas? Habría que ver a los responsables…

Esta gentuza tendría que tener prohibido ejercer de nuevo como policías de por vida, pero no será así en España, unos meses expedientados y ya. Imaginad la de casos que habrá así y nunca se podrán demostrar porque no había un amigo tontito sujetando el móvil para grabar.

Me hace gracia algo de cuando regresé de México, y es que absolutamente todo mi entorno hablaba, sin haber visitado el país, de la terrible corrupción polícial de allí, sintiendo orgullo al hablar de la nula corrupción policial española. Puede que al nivel local sí exista en México una corrupción a un nivel más alto que aquí, pero no es tan sorprendente que quieran sacar unos pesos extra teniendo en cuenta que sus salarios no dan para mucho más que comida (que no la defiendo, simplemente comento los distintos grados). ¿Pero aquí? no es una cuestión de dinero, simplemente torturar a un animal por placer o reírse de un inmigrante, eso es sadismo, son gentuza.

Quien haya colaborado en alguna ONG española, no se sorprenderá al escuchar casos de prostitutas que reciben visitas de policías locales durante el servicio de ellos, imaginad la actitud con la que irán; ponte ahí, hazme esto, hazme lo otro, bla bla bla y ya te pagaré. Además, imaginad a estos borregos siendo los responsables de la calle por la noche, uf. Obviamente no son todos así, está claro, pero hay gentuza de más que hay que liquidar de la Administración, de eso no hay duda.

Hay que diferenciar la Policía Local (gestionada por los ayuntamientos, algunos de los mismos convertidos en verdaderos países independientes en los que impera el caciquismo) y la Policía Nacional, gestionada a nivel nacional, tremendamente competitiva y muy controlada.

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