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Durante mi infancia siempre había relacionado Ibiza con un lugar en el que verde y gris- asfalto se desarrollaban en paralelo, en el sentido de gestionar lo urbano teniendo siempre presente la naturaleza y costumbres derivadas de la misma.

Huerto entre asfalto

Huerto entre asfalto

Caminaba por los alrededores de una zona de la isla en la que en los últimos años la construcción no sostenible ha tenido una importante presencia, edificios sin gusto artístico abrazan una región de Ibiza en la que multinacionales se han ido implantando de modo sigiloso en la última década para dar vida a una zona que solo abre en la temporada de verano, y me he encontrado con un huerto que lleva mucho tiempo presente pero que nunca llamaba la atención porque no era el único que había, hasta ahora que está solo. Hoy he tomado una foto y señalar que, para quien no haya estado ahí y vea la imagen, resulta creíble pensar que es una zona rústica de ensueño entre montañas y mar a escasos 10 minutos caminando, pero no, girar la cámara un par de centímetros hacia cualquier lateral decepciona mucho. El problema es que esta situación va siendo cada vez más habitual en una región del Mediterráneo que posee una flora y agricultura conservada por las diferentes civilizaciones que habitaron la isla hace más de un par de milenios. Un lástima.

“Hay terreno suficiente, ¿qué más da edificar más?”, típica frase que se escucha a menudo al tratar el tema de urbanismo con personas que consideran que el índice de desarrollo se mide por la cantidad de toneladas de ladrillo. Yo no sé quién piensa de verdad que después de 200 ó 300 años (que en términos históricos es muy poco tiempo) Ibiza seguirá siendo lo que es.

Fue un amigo extranjero quien me hizo ver algo muy obvio, los puertos de cualquier ciudad de este país son idénticos, las peculiaridades regionales se han ido perdiendo con el tiempo (bueno, en diez años), algunos políticos catetos inauguran, orgullosos, obras portuarias sin sentido, intentando imitar grandes ciudades del mundo, sin percatarse de que, la copia barata a la que aspiran, nunca atraerá turismo a no ser que se haga lo que se hace, prostituir el entorno a un precio baratísimo. Italia, por ejemplo, con similitudes estructurales a nosotros no es un país modelo en muchos aspectos, pero en cuanto a turismo nadie le da lecciones, recibe muchos menos turistas al año en comparación a nosotros y, sin embargo, los beneficios son mucho mayores.

Un pensamiento cateto y, lamentablemente, muy frecuente es el de “destruyo lo mío para que el turista se sienta como en Dubai o Miami”, uf, una mentalidad pendeja cada día más extendida al igual que la gripe hace (pero ésta al menos tiene cura).

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