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La visión rígida de la política local contemporánea tan sólo hace uso de la “multa” como medida persuasoria creyendo que, a más cantidad de la misma, menores serán los delitos cometidos. 

Grafiti / Fuente: www.cuantarazon.com

Grafiti / Fuente: http://www.cuantarazon.com

Pues no, eso falla. Se requiere una solución mucho más cualitativa para determinados tipos de destrozos del espacio público (el lugar de todos). Veamos el caso, por ejemplo, del Grafiti urbano, un tipo de arte muy interesante pero que repugna a menudo, utilizando señales públicas como lienzos en los que, de forma frecuente, se ponen mensajes insípidos y sin sentido. Reconozco que hay grafitis que me han dejado boquiabierto (y apoyo) en países en plena revolución democrática como Egipto, por ejemplo, o en espacios públicos marginalizados, dando vida a zonas que están abandonadas por la administración. 

No obstante, el día a día del grafiti en el espacio público resulta incómodo (ya que el autor no suele tratarse de un Antoni Gaudí o Gabriel García Márquez en su forma y contenido), además del dinero público y privado que supone.

Vivía yo en Brasil cuando vi una idea fantástica que sirvió para reducir considerablemente las pintadas en las fachadas de espacios públicos y de edificios de viviendas. Se trata de una solución económica, fácil y solidaria: tan sólo hay que preparar un carro o caja de comida o materiales de primera necesidad y escribir en un cartel sobre la fachada o monumento algo así como que se donará ese lote completo a una institución benéfica cada mes que la pared se mantenga limpia.

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