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Estar obligado a abandonar tu país por ausencia de posibilidades no siempre es agradable, pero puede ser peor. Puede que el lugar del que provienes no pase por su mejor momento y lo aceptas, con resignación, pero das el ok y continúas hacia delante. Sin embargo, estar lejos de casa y ver que a diario políticos de tu país son acusados por corrupción, tráfico de influencias, manipulación,… la sensación de asco y rabia es inevitable. Especialmente, cuando ves que la manipulación en la praxis, viendo como venden a tu abuela la idea de que han subido sus pensiones, cuando, por otro lado, el Gobierno ya no les provee de sus medicamentos. O sea, te suben 5 euros de pensión y, por otro lado, tu gasto en medicamentos aumenta hasta los 100 euros mensuales, por ejemplo. Y esto, tal vez, sería tolerable en una situación de crisis como la que “estamos”, haciendo todos el esfuerzo de superar estos momentos duros. No obstante, ver a diario a tanto gestores políticos acusados de ROBAR Y ROBAR Y ROBAR la sensación de asco es gigante.

El que fuera mano derecha del Gobierno autonómico de Madrid, ha sido detenido por bestialidades corruptas durante años… Junto a él unas cinco decenas más, de otros cuantos cientos de los que mejor ni hablar porque ya cansa.

En España se puede opinar, obvio, sin embargo existe la estupidez de hacer categorizaciones binomiales: “o estás conmigo o contra mí”. No se puede criticar al partido del Gobierno, presidido por Mariano Rajoy, porque entonces eres un radical comunista, tampoco se puede hacer lo mismo con el Partido Socialista porque puedes ser acusado de apoyar a regímenes totalitarios de ultra derecha/izquierda.

Te formas en España, hablas idiomas, másters, etc etc y mientras se ríen en tu cara mientras abandonas tu país. No imagináis la sensación de rabia e ira que provoca…

 

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