Home

Hoy me contaron una historia de esas que dan un choque a los sentidos porque nunca te la hubieras imaginado. 

Caminaba yo con un par de amigas rusas por el centro de Moscú, en un día en el que acaba de nevar y estaba toda la noche blanca.  A pesar de estar todo el suelo homogéneamente nevado, de forma que no puedes ver la acera, sí se puede, en cambio, ver círculos de poco más de medio metro de diámetro de vez en cuando sobre los que no hay ni una gota de nieve. Éstos son, en realidad, las tapas de las cloacas que encontramos en cualquier ciudad del mundo.

una tapa de alcantarilla en el pavimento

Tapa de una alcantarilla.

Mientras esperábamos que el semáforo se pusiera en verde -aquí los semáforos tienen un contador en el que sabes cuántos segundos faltan para que se ponga rojo o verde- yo estaba situado sobre una de estas compuertas, estaba desencajada, por lo que al situarte sobre ella podías, sin mover los pies, ir sutilmente de un lado a otro, una estupidez que consideré entretenida. De repente, mi amiga, asustada, me empuja sin dudar y me quita de ahí – mi sonrisa paró en seco-. A continuación, me contó algo que me sacó de mi más absoluta ignorancia.

El motivo por el que nunca hay nieve sobre estas puertas de las alcantarillas es que, por ahí abajo, transcurre agua hirviendo. El calor, a través de su vapor, evita que la nieve dure mucho ahí encima. Pero, lo peor, es la tragedia que alguna vez, de forma muy puntual y accidental, ha sucedido cuando una de estas compuertas estaba rota y un niño ha caído dentro… Directamente, sin titubeos, muere quemado por el agua hirviendo. Una historia que me ha quitado el sueño…

(Señalar que esto ha sucedido menos veces que la de dedos hay en una mano, para nada es lo habitual, la infraestructura de la ciudad es aceptable).                  

Anuncios