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Hoy hace una semana desde que vivimos un terremoto intenso. Pero el susto no terminó ese día…

Está confirmado que este último ha sido el sexto seísmo de mayor intensidad en la historia de este país sur-sur-americano, en el que su 8.4 en la escala Richter dejó destrozos y muertos, pero lejos de las cifras del terremoto de 2010.

Y es que Chile se encuentra muy bien preparado para este tipo de catástrofes, logrando en esta última haber evacuado a un millón de personas en horas, algo realmente admirable. Además, el metro, edificios,… de Santiago no sufrieron ningún rasguño. El tema más polémico fue que una de las tiendas de la cadena Walmart, Líder, encerró a sus clientes en la tienda mientras duró el largo terremoto para evitar “saqueos”, algo vomitivo que esperamos vaya a los tribunales y haya justicia. También todos sufrimos que alguno de nuestros vidrios, copas, botellas,… se rompieran por todo el tembleque de la tierra, así como algunas puertas bloqueadas debido al movimiento (por ello hay que abrir todas las puertas en el momento que empieza un terremoto, lección número 1 que he aprendido).

Lo peor ha pasado, pero desde el jueves pasado hemos estado sufriendo fuertes réplicas que, en ocasiones, no distan mucho del terremoto inicial en cuanto a la tensión que sientes. La tierra ha estado toda la semana crujiendo sin cesar.

Trabajar con chilenos es interesante, porque tienen una sensibilidad desarrollada para identificar los seísmos, es decir, estás en tu escritorio, tranquilo, y de repente tu compañero chileno te dice “ya viene” pero tú no sientes nada, y efectivamente a los 2 segundos lo percibes, todo tiembla sutilmente, no fuerte, pero el poder de la tierra no te pasa desapercibido.

También hay que resaltar que los chilenos ni se inmutan ante estos temblores, sonriendo al ver las reacciones de aquellos que no estamos acostumbrados a que la tierra tiemble…

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