¿Dónde está el feminismo en España?

Tras una década de experiencia internacional decidí regresar a casa, a Ibiza. Después de vivir en Egipto, Sudáfrica, Rusia,… pasé los últimos cuatro años trabajando en asuntos de género en un organismo internacional, en Chile.

El discreto activismo de la diversidad sexual y de género que se podía hacer en Egipto y Rusia, nada tiene que ver al que se permite en Chile o España, por ejemplo, debido a las circunstancias legislativas, entre muchas otras.

En El Cairo conocí a varios hombres que habían sido encarcelados por tener encuentros a través de aplicaciones de internet. Durante el encierro vivieron toda la clase de torturas, siendo siempre el foco sexual como la parte más intimidatoria: introducción de objetos por el ano, amenazas de violación a los hombres, etc.

Recuerdo en Egipto el caso de un conocido que estuvo obligado (previa influencia de un juez, el líder del centro donde rezaba su familia, y el psiquiatra), a llevar a cabo un tratamiento durante 8 meses debido a que era “mithli” (“homosexual” en árabe). Consistía en ser encerrado en su casa, con fuerte medicación, sin contacto con el exterior y terapia dentro de su habitación. No evaluaré yo si funcionó o no ese tratamiento. Él acabó con la mirada perdida, con tics nerviosos cada segundo, y la imposibilidad de mantener la mirada hacia un punto fijo, mandíbula inferior de derecha a izquierda de modo rápido cada pocos segundos, sensación de pánico constante, entre otros detalles. Destrozaron su vida.

En Sudáfrica, las violaciones correctivas a mujeres lesbianas son un hecho en determinadas zonas, y también a hombres afeminados. Los casos de tortura que se registran son terribles.

Sin duda mi experiencia en Rusia fue intensa, es un gran país, muy interesante, y fue una gran experiencia vivir allí. Pude romper esquemas previos en los que se definía a Rusia de un modo que me percaté no es real, aprendí mucho. No obstante, el nivel de homofobia el un tema preocupante. Las medidas de seguridad para ir a la sede de una organización LGTBI imponen mucho: seguridad en la entrada del edificio, una puerta blindada en la puerta de la oficina que, previa llamada se abre, y accedes a un pequeño pasillo en donde quedas “atrapado” entre dos puertas macizas, mientras una cámara te observa y un micrófono pide que te identifiques. Campos de concentración para hombres gays en Chechenia, torturas por parte de grupos radicales que salen “de caza” de “maricones” y se dedican a torturarlos, son una realidad.

La experiencia en Latinoamérica ha sido diferente. Si bien la legislación no castiga la diversidad sexual y de género, la violencia hacia personas LGTBI es brutal. En Brasil, de media, cada día asesinan a una persona LGTBI (mujeres, y hombres también). Las cifras en Honduras son de terror también. Durante mi activismo en Latinoamérica he visto a personas LGTBI (hombres y mujeres) a las que habían golpeado por su orientación sexual y/o identidad de género, e incluso yo y amigos cercanos hemos vivido situaciones de homofobia evidente.

¿Por qué esta breve explicación?: Feminismo infantil español.

He regresado a España y, como imagino que pasa cuando emigras, idealizas a tu país. Si bien creo que no hay un lugar mejor en el mundo que éste, también creo que tenemos mucho trabajo que hacer. Me he encontrado con un feminismo infantil que ha terminado de decepcionarme.

El Ministerio de Igualdad de España, comenzó la actual legislatura expulsando a los hombres de los altos cargos del equipo, alegando su Ministra que “durante muchos siglos la sociedad ha sido gobernada exclusivamente por hombres”.

En el pasado mes de la diversidad sexual y de género, junio, el movimiento decidió excluir a hombres trans, hombres gays e intersexual, cambiando el acrónimo LGTBI a “Mujeres LBT”.

Actualmente, el Ministerio ha decidido que para organizaciones que quieran solicitar subvenciones públicas, deberá haber, como mínimo, un 65% de mujeres en el equipo.

No sé hacia dónde va esto, pero francamente no creo que sea el camino correcto. En un momento dado pensé que el feminismo garantizaba el avance de los derechos de todas y todos, pero, lamentablemente, lo que veo en España dista mucho de ese ideal.