Esclavos de nuestras CREENCIAS.

Nuestra manera de comportarnos viene en gran medida derivada de un concepto clave en el coaching: las creencias. Son presuposiciones de la realidad, y actuamos como si fueran ciertas.

Se trata, en realidad, de opiniones y juicios sobre la realidad, es decir, nuestro croquis mental se basa en ellas y, por tanto, procesa los inputs externos con base en este esquema subjetivo. Sin embargo, no siempre las vemos como “opiniones”, sino como verdades incuestionables.

Lo más interesantes es que, al estar tan arraigadas en nuestro ser, sentimos un gran golpe interior cuando descubrimos que, axiomas internos, esas verdades incuestionables por su supuesta OBJETIVIDAD UNIVERSAL son, en realidad, una creencia.

Nuestro entorno, realidad, cultura, entre otros factores, influye en la construcción de cómo vemos el mundo. Desde el proceso de socialización primaria comenzamos a edificar los muros de esas creencias que definen, y condicionan, en gran medida nuestro futuro. Si fuéramos realmente conscientes del impacto de nuestras creencias en el mañana, las trabajaríamos en profundidad cuanto antes, ya que nos conectan o desconectan con nuestra capacidad de logro personal.

Descubrir la diferencia entre “la realidad” y “mi realidad” nos despierta y ofrece el inicio de un proceso que cambia nuestro “destino”. Por tanto, identificar ese mecanismo que nos hace avanzar sometidos a él, trae un nuevo escenario de posibilidades, en donde la repetición automática de situaciones basada en el pasado desaparece. El despertar de la conciencia.

Cuando identificamos las creencias, hay que tener presente que existen dos grandes tipos:

  • Creencias limitantes: nos paralizan, frenan cualquier intento de avance. Al pensar que es una realidad inamovible, no nos cuestionamos que sea modificable. “Es así, así que no puedo hacer nada”, se presenta, por ejemplo, en una situación como “es que siempre me pongo nervioso al hablar en público” / “eso no lo puedo hacer”, “tengo muchas pruebas de que eso es imposible, ya lo he comprobado, lo he intentado”, etc.
  • Creencias potenciadoras: a pesar de ser, al igual que las limitantes, un conjunto de opiniones/juicios sobre una falsa “realidad objetiva/universal”, empodera al individuo, llevándolo a la acción. En este punto se podría, a mi parecer, confirmar que se enmarca en un enfoque teórico utilitarista, en el que, “si ese actuar tiene algún tipo de utilidad para mí, es aceptable”. Lo mismo sucede con este tipo de creencias que responden afirmativamente a la pregunta de ¿me sirve? ¿me empodera? Aunque no sea una verdad universal, si le sirve a la persona, si no le limita, y ayuda a la persona en el camino hacia la consecución de sus objetivos, aprovechémosla..

Tomar consciencia de que existe una creencia limitante puede resultar muy difícil e, incluso, siendo la persona consciente de la misma, puede suponerle un proceso de asimilación complejo. Por ello, desde el coaching, se trabaja este campo, obteniendo un cambio de paradigma del cliente. El primer paso, una vez se identifica la creencia limitante, es observarla y entender en qué momento está presente y, también, en cuáles no lo está. Entender el para qué de esta creencia e identificar qué nos está limitando o qué consecuencias tiene en nosotros o en nuestras relaciones, es clave el trabajo de las creencias desde el coaching para lograr el empoderamiento personal.