Comunicación no violenta: pasos clave.

Juicios moralistas, demandas con una implícita (o explícita) amenaza al castigo, negar la responsabilidad,… son algunos de los elementos que aparecen en las violentas formas de comunicación entre personas, estando lejos de la resolución de conflictos. 


Marshall Rosenberg propuso un sencillo esquema para fortalecer las relaciones basadas en la Comunicación No Violenta, donde es vital la escucha y la voluntad, así como aparcar prejuicios y creencias. Para ello, creó cuatro pasos en la gestión de la comunicación no violenta:

  1. Observación imparcial de los hechos, evitando sesgos emocionales propios, dejando de lado emociones como la ira, el enojo,… es importante describir qué ha sucedido eliminando cualquier juicio. Por ejemplo, “tuviste una actitud muy fea hacia mí” tendría una carga subjetiva, por lo que se sugiere que, con objetividad, se describa cómo fue la actitud, el contexto y en qué momento, eliminando adjetivos como “fea” y adverbios de cantidad como “muy“.  
  2. Identificar nuestros sentimientos y emociones, ya que es a través de éstos que podemos conectar entre personas con mayor intensidad, abriendo la puerta a la resolución de conflictos.
  3. Expresar nuestras necesidades: ¿qué estoy necesitando? En este apartado no se están sugiriendo estrategias concretas para que, entre ambas partes, se trabaje en mis necesidades, sino describir “qué me hace falta”.
  4. Formular la petición, no “demandar”, sino solicitar una acción específica/concreta en un tono positivo, flexible y de forma nítida en la que se describan también los beneficios personales (y, puede ser, organizacionales) que tendrá su alcance, entendiendo que la respuesta por la otra contraparte puede ser una negativa.

La comunicación humana es maravillosa, pero no está exenta de negociaciones que, en ocasiones, se desarrollan en un contexto de comunicación violenta donde existe un rígido muro que impide cualquier negociación, dando la sensación de ser dos personas golpeándose con una pared en lugar de dialogar.

Por ello, una actitud propositiva, empática, dejando el orgullo de lado y la voluntad de mejorar las relaciones, es esencial en el camino hacia fructíferas negociaciones.